martes, 20 de marzo de 2018

57 Semana de Música Religiosa

Cartel de la 57 edición, obra de Cruz Novillo

El próximo sábado 24 de marzo comienza la 57 edición de las Semanas de Música Religiosa de Cuenca. Como viene siendo habitual, escribiré la crónica diaria de cada uno de los conciertos en el periódico www.vocesdecuenca.com
La apuesta del director desde 2017 -Cristóbal Soler- se parece mucho a la que tuvo Valdano para el Real Madrid cuando hablaba de que el futuro de ese equipo (soy del Atleti a muerte, abonado para más señas) pasaba por una combinación de "Zidanes y Pavones". Es decir, grandes estrellas junto a nuevos valores de la cantera, salida en este caso de la Academia de la SMR.
Esta entrada no tiene como objetivo hacer un sesudo análisis previo del Festival. No tengo ni ganas ni tiempo. Solamente quiere recordar que tenemos este tesoro, en el cual participará otra vez Marc Minkowski al frente de Les Musiciens du Louvre. La versión que hicieron de La Pasión según San Juan en el año 2010 la reflejé, absolutamente conmocionado, el 30 de marzo de ese mismo año en las páginas de EL DÍA DE CUENCA.
Si desean, pueden leerla. Posiblemente, el concierto más bello al que he asistido nunca. Ojalá la magia se repita este año con La Pasión según San Mateo.


MINKOWSKI ROZA EL CIELO

No olvidaremos nunca el 29 de marzo de 2010 como el Lunes Santo en que la ciudad de Cuenca vio aparecer la figura de Mark Minkowski. Muchos de los presentes seguimos la trayectoria y discografía del director francés, pero no habíamos tenido la suerte de conocerlo en directo. Era la gran figura europea de la dirección barroca que faltaba por pasar en las SMR.
Minkowski fundó en 1982 (con tan solo veinte años) Les Musiciens du Louvre, la agrupación de instrumentos originales con la que ha recorrido la música de los siglos XVII y XVIII con éxito y especialización crecientes. Desde hace tres años su visión teatral y electrizante de la Misa en Si de Bach fue considerada por muchos como la más rompedora versión de la última década.
Debo reconocer que partía con algún prejuicio hacia algunos planteamientos, como el reducido coro, limitado a dos voces por cuerda. Los pocos que mantenía a las 20.30 horas habían desaparecido a las 20. 40. La sonoridad de la orquesta no sólo era cálida, precisa y preciosista. Lo más impresionante era el alma teatral que desprendía la interpretación. Posteriormente, cuando el coro intervino, entendí que ocho voces pueden ser suficientes si son redondas, moldeables, bellas y timbradas. Acabado el coro “Herr, unser Herrscher” supe que me encontraba ante uno de esos momentos mágicos que sucede pocas veces y que genera una conmoción en el irrepetible público de las Semanas. El drama de la Pasión de Cristo, el Evangelio de Juan y la música de Bach unidos en la más bella historia humana. Teatro sin escena pero con los ingredientes más perfectos para que la trama avance. En la concepción de Minkowski cada detalle hacía que la perfección se convirtiera en genialidad. He visto a pocos directores tan comprometidos con el silencio… ¡Cómo unía los distintos números con el contrafagot para que nada los separara!  ¡Cómo describir los segundos eternamente maravillosos que hubo antes del Da Capo del aria para contralto “Es ist vollbracht”! ¿Y los tempi? Vibrantes, eléctricos y frenéticos o laxos hasta el límite de la ternura. Todos los extremos eran posibles para el avance de la historia en una interpretación al límite de la posibilidad humana.
El compromiso de Minkowski fue somatizado por todos los intérpretes. No puedo destacar a ninguno, porque desde el laudista, los violinistas convertidos en violistas d´amore, los oboístas hasta el soberbio evangelista Markus Brutscher todos rayaron en la más absoluta perfección y en directa simbiosis con la concepción de la obra. Por eso deben comprender que cuando el coral que cerraba la obra concluyó y el director, en su último acto de sabiduría, mantuvo los brazos levantados para retardar los aplausos, la congoja se apoderara de mí. Los bravos rompieron mi garganta mientras las lágrimas descendían por mi rostro. Emulé a Pedro sin ningún tipo de vergüenza.

lunes, 3 de abril de 2017

REFLEXIONES PARA SEMANA SANTA

En los maravillosos años de las tertulias que tenían lugar en RAZÓN ATEA –el blog del filósofo, escritor y periodista mendocino Fernando G. Toledo— pude aprender y enriquecerme con los participantes en los mismos. El materialismo filosófico lo encarnaba el propietario de la página. Fernando Cuartero y Atilio desarrollaban sus argumentos como escépticos formidables y siempre con una base científica que hacían inquebrantables sus conclusiones. Recuerdo –le he perdido la pista— a teísta católico que se hacía llamar Dark Paker. Había muchos más, iconoclastas la mayoría, sabios todos, poseedores de una oratoria y sintaxis dignas de los mejores alumnos, los “cerebritos”, los que sufrían bullying porque los mediocres no soportaban su superior intelecto. En mi corazón hay un sitio especial por ese mexicano esteta y amante de toda manifestación cultural, religiosa o no, que murió trágicamente hace ya tres años: Enrique Arias, “Ariastóteles”. De él aprendí el valor supremo de la belleza como motor de la vida, así como el ensimismamiento ante la brutal maravilla que nos rodea, creada por el hombre o la naturaleza.
Con las redes me he encontrado con antiguos amigos y he hecho amistades cibernéticas nuevas. Sacerdotes, músicos, políticos de todas las ideologías, profesores, artistas, creadores, obreros, empresarios, etc. La variedad de la sociedad es infinita y los posicionamientos ante la vida van a la par.

Cristo de Marfil, de estilo gótico

Por consiguiente, todos los años se han generado debates  antes de comenzar las festividades religiosas cristianas. Me gusta que existan, pero creo que me tengo que definir de forma radical. Soy escéptico, laicista y creo firmemente que por el bien de mi patria y de las religiones, el estado laico (o aconfesional, que es lo mismo pero “no e iguá”, que diría Martes y 13) es el único aceptable. Así mismo, en todo estado laico deben existir convenios con las religiones y con otras asociaciones para celebrar actos públicos que se consideren de interés cultural, antropológico y económico para todos. Aquí es cuando empiezo a chocar con el resto de laicistas. Creo firmemente que las administraciones públicas deben ser partícipes activas en las procesiones de Semana Santa, al igual que en los desfiles de Carnaval o en las celebraciones de conmemoraciones de éxitos sociales conseguidos en el pasado, como son el 1 de mayo o el día del orgullo gay. El estado debe apoyar la riqueza de la nación y las manifestaciones que suceden estos días lo son de forma incuestionable. Son bellas y muy especiales. En muchos lugares de España salen a la calle obras maestras de la escultura barroca, la puesta en escena es variopinta e intensa. Siempre me planteo  que si la seriedad con la que millones de españoles organizan los actos de estos días se extrapolara al resto de las funciones, seríamos la primera potencia mundial.
Por último y no menos importante: la Semana Santa es una gran fuente de ingreso económico. Una ciudad pequeña como la mía multiplica por tres su población en Jueves y Viernes Santo. No hay ideología, por muy racional que pretenda ser, que justifique la pobreza o la eliminación de un negocio sostenible, no contaminante y que provoca todo tipo de sentimientos.
Como conclusión: quiero un estado laico, que sea neutro ante las religiones pero que las admita en el ámbito público cuando el beneficio es para todos. Quiero el sonido del almuecín en la mezquita, las campanas de los templos católicos y sobre todo, quiero escuchar nuevamente las dos Pasiones de Bach y seguir conmoviéndome. Quiero que mis entrañas se retuerzan a pesar de que la neurociencia logre entender el porqué de todo ello.


domingo, 29 de enero de 2017

Mi nueva guitarra romántica.

La caja es de cedro y según José Miguel Moreno, su restaurador, es de mediados del siglo XIX. Posee una delicadeza sonora y una potencia muy difícil de encontrar en cualquier instrumento de cuerda pulsada. Su construcción es totalmente pre-Torres en todos los aspectos, tanto en el tamaño como en la construcción de la caja, además de que tiene un clavijero no evolucionado. La  tensión es casi la mitad que en una guitarra clásica actual, el ancho del mástil es menor y hace que sea muy cómoda siempre, pero el concepto "cejilla" toma otra dimensión: no se sufre al ejecutarla, no duele, no tensa... es una maravilla. . Me parece ideal para interpretar todo el repertorio original y transcrito de los siglos XVIII y XIX.
Esta es mi nueva guitarra vieja, mi amiga irrenunciable.

De izquierda a derecha: Jesús Sánchez, Manuel Millán y José Miguel Moreno

Preludio de la Suite para Laúd BWV 995 de Johann Sebastian Bach.
Manuel Millán, guitarra clásico romántica.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

15 de diciembre de 2016. Un año sin notas.

El 15 de diciembre de 2016 marca el año exacto desde que firmé mi última composición: INFANCIA, para guitarra. Durante estos 365 días no he escrito nada, no tuve necesidad ni deseo y simplemente he seguido los designios que la vida me ha ido marcando, sin forzar artificialmente lo ya extinto.

No piensen  que vivo con dolor esta experiencia. Son etapas que van pasando con la misma naturalidad con la que se nos cae el pelo o se tiñe de gris. La creación debe partir como necesidad y ésta se alimenta del propio conocimiento y la experiencia. Así crece y evoluciona nuestro lenguaje y así conseguimos poco a poco la personalidad creativa.

Pero este proceso va acompañado de muchos factores. Una vida ocupada en el trabajo de profesor, una actividad familiar intensa y gratificante y el inevitable paso de los años, que hace que las ilusiones se difuminen y que sepamos ver todas las caras de este mundo tan complejo y lleno de aristas.

En estos veinte años de producción tengo un conjunto de obras aceptable, no muy numeroso, en el que intentaba contentar mis deseos expresionistas a veces y de color otras. Algunos años dominaba un concepto sobre otro, aunque el motivo conductor era siempre emocional.  Por ejemplo, las canciones a mis hijas me hicieron recorrer el mundo de la melodía directa y emocionante, mientras que mi obra de cámara era el gran refugio de la dureza y el desgarro. Siempre estaba mi mente como equilibrio entre esas fuerzas que tanto tiraban de mí. He considerado cada composición como un mundo, como una obra inmensa a la que tenía que dedicar la vida entera.

Pero todo eso, imagino que temporalmente, se acabó. Perdí esa necesidad, ese gusanillo que me recorría las entrañas delante del papel pautado. Es demasiado esfuerzo, casi siempre recompensado con unos aplausos, probablemente sinceros, y con palabras de admiración, e incluso cartas anónimas solicitando un autógrafo.

A pesar de todo, son demasiadas horas dedicadas, tras las cuales no termino de ver el reflejo de las mismas en la sociedad como imaginaba. La compensación económica, que al final es la que alimenta el alma y el cuerpo, es prácticamente inexistente. Además, por qué no decirlo, el compositor debe desarrollar una carrera paralela de gestión y venta del producto. Hablar con unos y otros, “comer la oreja” a los programadores, vender la burra y las excelencias de uno mismo, marcar los tiempos como un auténtico macho alfa… y en ese aspecto la naturaleza nunca me dotó. No he sido competitivo, quizá por cobardía, por pereza (a la que soy un gran aficionado) o por una excesiva timidez. El punto final ha sido la ópera LA CAJA DE LUZ. Un proyecto casi definitivo, con libreto de Gustavo Villalba, al que no he dedicado en su promoción y venta los esfuerzos que requiere, pero es que no valgo para eso y me resulta agotador.

La música sigue por mis venas, toco la guitarra como no lo hacía durante los últimos veinte años y mi última adquisición –una guitarra restaurada por José Miguel Moreno de mediados del siglo XIX— me nutre permanentemente y completa mi existencia. De momento doy gracias a la vida.
Les dejo INFANCIA, un año después.




viernes, 26 de agosto de 2016

CRÍTICA LITERARIA Y DISCOGRÁFICA

Queridos amigos:
Si el tiempo y las interminables obligaciones no me lo impiden, el curso 2016/2017 será para este bloguero el que marque un nuevo reto: la crítica literaria y discográfica. Sobre lo primero, me ceñiré exclusivamente a libros de temática musical, ya sean novelas o ensayos, y en muchos casos relacionados con personas que conozco. En cuanto a lo segundo... algo parecido, con algo de acercamiento al mundo e la guitarra, pero ni mucho menos de forma exclusiva.
Idos preparando, Fernando G. Toledo, Marco Antonio de la Ossa, María Ayerza, Gabriel Estarellas, Belén Estival, etc. Allá voy.

lunes, 21 de marzo de 2016

55 SEMANA DE MÚSICA RELIGIOSA

Queridos amigos, este año seré colaborador del diario digital VOCESDECUENCA para la 55 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca.
Este blog volverá a la actividad pronto, cuando mis obligaciones laborales vuelvan a la normalidad en el mes de julio. Hasta entonces, tengo preparada alguna entrada, de la que les haré saber en pocos días.
Feliz Semana Santa a todos.

lunes, 4 de enero de 2016

Sanctus y Agnus Dei

El profesor Fernando J. Cabañas Alamán organizó un homenaje al gran maestro y compositor conquense don José López Calvo. Es una suerte contar con personalidades que ponen en valor el talento de otros cuando están vivos, en un país en el que tendemos ha realizar estos actos cuando ya nos han abandonado.
El homenaje constó una mesa redonda en la que estuvieron el propio Fernando J. Cabañas, junto a un gran colega en el mundo de los músicos militares como el Excmo. Sr. Don Francisco Grau Vergara, el historiador Juan Máximo Rodríguez Peinado y tres antiguos alumnos: José Mª Sánchez Verdú, Pedro Pablo Morante Calleja y un servidor.

José López Calvo

Al día siguiente hubo una conferencia-concierto, en la que Fernando Cabañas disertó sobre la vida y obra del maestro y posteriormente el Coro del Conservatorio de Cuenca, bajo la batuta de Pedro Pablo Morante Calleja, interpretó cinco estrenos de Sánchez Verdú, Juan Carlos Aguilar, Francisco Torralba, Manuel Murgui y Manuel Millán, además de un villancico del maestro Calvo.
Los actos estuvieron llenos de sentimiento, admiración y calidad. Espero que esta breve composición que escribí a mi maestro les guste.


Luchemos por la ortografía